Fuego Liquido

Fuego Liquido
Muchas veces creemos que el agua es fría y gélida, por lo que es mala. Otras tantas pensamos que el fuego es candente y peligroso, y es malo. Pero, los dos dan vida, entonces, ¿fuego o agua?

++Frase Aleatoria++

No importa lo que haga, cada persona en la Tierra está siempre representando el papel principal de la Historia del mundo. Y normalmente no lo sabe
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enero 23, 2008

++A través del camino++

A través del camino.

La pequeña calle que se habría frente a mis ojos estaba surcada por frondosos árboles a los lados. Todas las copas arbóreas relucían vanidosas, ya que estaban cargadas de suaves colores en forma de flor. Vacía como siempre, la calle dormía, sumada en un familiar silencio.
“Tal y como te recuerdo”- pensó, tomando en amabas manos las rudas y frías maletas que reposaban en el cemento.
Al fondo de la calle, ocupando el sitio de lado a lado, había dos casas, bastante parecidas. La de la derecha estaba pintada de un suave color verde. Tenía balcón en el segundo piso. La de la izquierda, en cambio, figuraba con un tono azul. Era humilde, y en algunos lados la pintura se descascaraba a causa del tiempo. La luz del inminente atardecer iluminaba con su brillo rosada los pasos del que por la calle andaba. Cada paso era un pensamiento distinto. Cada paso era una nueva sensación dentro de su corazón y su alma.
Paso derecho.
“-Aun no entiendo por qué te vas”- la voz en su memoria sonaba con reproche. Volvió a sentir aquella opresión en el pecho al recordar aquella conversación.
Paso izquierdo.
“-Ya te dije”- había respondido- “Es una oferta muy buena, no puedo rechazarla”
Paso derecho.
“-Pero si el trabajo que tienes acá es bueno”- había replicado la otra parte- “Buen lugar, buena paga…”
Paso izquierdo.
“-No se trata sólo de eso, Emilia”- recordó cómo su voz había reprochado a la mujer. Se avergonzó y miró hacia el suelo, sonrojándose tenuemente.
Paso derecho.
“-Pues no lo entiendo”- repuso ella, volteándose para esconder su rostro.
Posó la mirada en su zapato. Estaba sucio, empolvado.
Paso izquierdo.
“-Será sólo por un tiempo”- le había tocado el hombro a la mujer, en actitud conciliadora.
Reprimió el impulso de agacharse a limpiar su calzado. Estaba tan cerca, tan cerca ya…
Paso derecho.
“-¿Para ti 6 meses es poco?- él no había contestado. La mujer lo miraba con los ojos empañados.
Subió los ojos hacia el cielo, que comenzaba a apagarse poco a poco.
Paso izquierdo.
“-Está bien”- había agregado Emilia luego- “VE y haz tu trabajo. Hazlo bien y rápido, porque los niños y yo te estaremos esperando.”
Divisó una estrella solitaria, ajena a la luz del sol que aún iluminaba la cúpula azul. Tan solitaria, tan erguida, tan indiferente…
Paso derecho.
“-Te amo”- había murmurado ella a su oído, cuando lo dejaba en el aeropuerto- “Te amo”- su boca le había besado suavemente, y Benjamín sintió que sus ojos se empañaban al recordar aquel contacto, sucedido hacía ya tanto tiempo.
Paso izquierdo.
“Había subido al avión con un nudo doloroso en su garganta. Al ubicarse y mirar por la ventana divisó la figura de su familia allí, de pie, sonriéndole.”
Reparó en que el aire estaba frío. Y un pájaro cantaba en las alturas.
Paso derecho.
“-Andrés”- le había dicho a su hijo el día de la partida- “Cuida de mamá y tus hermanas”
Paso izquierdo.
“El chico de sólo 10 años había asentido reprimiendo el llanto. Le había sonreído a su padre.”
Pudo apreciar cuánto extrañaba el suave canto de los pájaros. De aquellos pájaros.
Paso derecho.
“-Daniela, cariño”- era el turno de la más pequeña, la niña de 4 años- “Hazle caso a mami y a Andrés, ¿si?”
Extrañaba también los árboles.
Paso izquierdo.
“-Cuando vuelvas- la voz de su hija le había hecho sonreír- “Cuando vuelvas, ¿jugaremos con el columpio?”
Extrañaba aquel silencio, que lo calmaba y le daba paz a su corazón.
Paso derecho.
“-Claro, mi pequeña- había dicho él, abrazándolo”
Extrañaba el cielo despejado, libre de suciedad.
Paso izquierdo.
“-Javiera”- se acercó a la niña de 8 años, situada al lado de su madre- “Ayuda a mamá con la comida, y alimenta el gato, ¿si?”
Extrañaba la silueta del gato Perla, recortado contra los árboles, esperándolo tras un largo día de trabajo.
Paso derecho.
“-Si, papi”- había dicho la niña, bajando la mirada. Él la había abrazado fuerte, conteniendo la tristeza.
Extrañaba su hogar.
Levantó por fin la mirada y, frente a él, estaba su casa.
Paso izquierdo.
“-Vuelve”- le había murmurado Emilia, con voz anegada, al despedirse.
Avanzó el resto del camino por entre el jardín delantero, intentando no llorar de alegría.
Seis meses. Seis largos y duros meses sin ver a sus hijos ni a su esposa. Seis meses lejos, casi sin escuchar la voz de sus seres amados. Seis meses sólo y sin poder abrazar a sus hijos. Seis meses que ahora, al abrir la puerta con su antigua llave, se sentían muy, muy lejos.
-Benjamín- murmuró una voz anegada por el llanto. El hombre enfocó su mirada y vio ahí, frente a él, a la otra parte de su alma, su familia.
-Estoy en casa.
La vista se le nubló cuando 4 ángeles se abalanzaron sobre él.

diciembre 30, 2007

++Dejar todo atrás++

Dejar todo atrás.

Al mirar hacia el cielo, podía ver las estrellas brillar entre el oscuro manto de la noche. Sentía sus pies flaquear y el viento acariciarle el rostro. Volvió a observar los hermosos astros y sus ojos se nublaron. Sintiendo como las fuerzas la abandonaban, se sentó en el pasto húmedo de la plaza que atravesaba. Apoyó su espalda contra el tronco de un árbol y cerró los ojos. Respiró profundamente, sintiendo los latidos de su corazón, que le indicaban que aún estaba viva. Con cada pulsación, podía sentir nuevamente e dolor que cargaba desde hacía algunas horas.

El brillo de la luna le iluminaba el pálido rostro y los ojos, de un negro profundo, no se distinguían entre el oscuro ambiente en que la chica se encontraba envuelta. Cerró los ojos nuevamente y recordó los hechos que había vivido. Pudo ver nuevamente sus ilusiones muriendo y sus sueños destruidos.

“No quiero más”- pensó, mientras una lágrima caía por su mejilla. No tuvo fuerzas para levantar la mano y secársela, sino que dejó que cayera libre. Ya no quería luchar más.

Rompió en un llanto silencioso y doloroso. Se retorcía de dolor a cada sollozo, pero, sin embargo, el dolor le hacía recordar los momentos hermosos que había vivido, y que nunca se irían de su mente. Casi podía sentir en sus labios el contacto suave con la boca de su amado. Casi podía sentir su respiración en su oído, diciendo “te amo”. Casi podía sentir los ojos profundos de él observándola con ternura. Casi podía sentir el contacto de su piel sobre la suya, entregándole el calor que necesitaba. Un abrazo, un beso, una caricia, había sido todo el tesoro de su alma, llevándola hacia el cielo en un suave danza de amor. Amor de dos almas que por fin habían encontrado un par, luego de sufrir y penar en manos de otros. Luego de sufrir a manos de personas que han perdido su alma a causa del dolor, y se han propuesto hacer daño a los demás.

“Quizá yo también he perdido mi alma”- pensó- “Quizás sea hora de que parta al lugar en que podré, al fin, ser feliz”- pensaba esto con gran dolor, intentando despegarse de todo lo conocido.

Recordaba el contacto de su piel, de sus manos entrelazadas en el momento del adiós. Y, en aquel instante, su memoria voló hacia las escenas pasadas de la vida de la chica:

“-No te vallas- decía ella, con la voz anegada- No te vallas, no ahora.

-Mi amor, mi niña- murmuraba un joven, con los ojos enrojecidos por el llanto- Debo irme, debo irme.

-No te vallas, no te vallas- decía la joven, apretando la mano del chico con desesperación- No me dejes sola.

-Volveré, te lo prometo- dijo él- Volveré a buscarte acá, y estaremos juntos por siempre.

-No te vallas- gemía ella, acercando su húmeda mejilla a la de él, y cerrando sus ojos.

-Amor, mi niña- susurraba el chico en su oído- Debo irme. Volveré contigo, niña mía. Podremos vivir juntos. Volveré.

Él la abrazó con fuerza, apretándola contra su pecho. La chica sollozaba en silencio, acariciando el cabello de su amor.

-No me dejes- susurró, entre sollozos- No me dejes así.

Pero el abrazo se iba, y, cuando el joven estaba con un pie sobre el bus que lo esperaba, se volvió hacia ella.

Las lágrimas en su rostro caían con lentitud. Él le dirigió una última mirada, a los ojos, con la desesperación clavada en ellos. Luego, soltando la mano que aún tenía entrelazada con la joven, volvió la cabeza.

-Te amo- murmuró, y subió al bus, alejándose para siempre de ella”

LA chica recordaba aquellos como si hubiera sido ayer. Había sentido que su mundo se destruía al sonido de las palabras “Te amo”, las últimas que había escuchado de su joven amor.

-Te amo- murmuró ella ahora, con menos fuerzas cada vez.- Perdóname por no haber sido capaz de esperarte. Esto que llevo dentro me ha matado, debilitándome poco a poco. Te amo, niño de mi corazón.

Volvió a contemplar las estrellas, deseando encontrarse en ellas con su amor. Poco a poco se fue sumiendo en un sueño sin igual, en el que estaba con él nuevamente, para siempre, juntos. Poco a poco la vida la abandonó, alejándola del dolor que provoca la soledad.

-Amor- susurró una voz en su oído- Amor, por fin llegas.

Abrió los ojos con suavidad, y observó a su joven amor frente a ella, tendiéndole la mano. Ella la tomó y él la ayudó a incorporarse.

-Te he esperado largo tiempo- murmuró él, mientras la acercaba y la abrazaba. Ella sintió el cuerpo de él contra el suyo, y se dio cuneta que ya no sentía frío. Por fin su calidez había vuelto. Respiró su aroma, como la última vez. Le acarició el cabello, y recordó todas aquellas tardes juntos, amándose en un sueño sin fin.

Se fueron caminando y, así, la chica abandonó por fin su cuerpo, abandonó el dolor y la soledad del amor perdido. Abandonó todo lo conocido para comenzar a construir aquel sueño que, en vida, se les había sido arrebatado.