Fuego Liquido

Fuego Liquido
Muchas veces creemos que el agua es fría y gélida, por lo que es mala. Otras tantas pensamos que el fuego es candente y peligroso, y es malo. Pero, los dos dan vida, entonces, ¿fuego o agua?

++Frase Aleatoria++

No importa lo que haga, cada persona en la Tierra está siempre representando el papel principal de la Historia del mundo. Y normalmente no lo sabe
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junio 26, 2008

¿Al Alba?

¿Al alba?

La gota nace a esta vida aún antes que el alba. Depositada con suavidad en una hoja de árbol por la niebla nocturna. La gota permanece ahí, dormida, aún sin contemplar la maravilla de la vida. Cuando comienza a despertar el alba, la gota comienza a maravillarse del esplendor que se revela ante sus ojos. Pero, junto con este sentimiento de estupor, viene el miedo a lo desconocido, a lo que pueda venir después, al no saber qué es lo que se esconde tras las cortinas cerradas del futuro. La gota se siente angustiada, tiene miedo de dar un paso en falso. Aún no es de día, y la gota ya está aterrada del tiempo que pueda venir.

De pronto, el sol comienza a salir de su sueño, y la gota intenta esconderse de su luz y su calor. Pero del abrazo del astro rey nadie puede escapar, y la gota ve descubiertos sus miedos y sus imperfecciones a causa de la luz. En un intento vano de esconderse, la gota comienza a deslizarse por la hoja, sin percatarse de que está en el filo, de que tiene que decidir entre dejarse caer o lanzarse al abismo. La gota se desespera, y apura su paso por la hoja. La gota quiere alcanzar a ver y a sentir lo más que pueda antes que el sol la lleve definitivamente al vapor, al punto sin regreso. Pero, en su afán por verlo y sentirlo todo, la gota se pierde de las cosas más lindas de la vida. Se pierde el tono rosáceo de las montañas al ser tocadas por la luz; se pierde el despertar alegre de los pájaros sobre las ramas de los árboles; se pierde el suave baile de las nubes sobre su cabeza.

Y no deja de correr, no deja de escapar. Está al borde, y no se da cuenta.

Cuando ya nada hay que hacer, la gota se lanza hoja abajo para caer y desintegrarse, recién en el alba de su existencia, sin haber gozado en verdad cada segundo, por miedo a que todo terminara.

abril 07, 2008

la busqueda

La búsqueda

Cuenta la historia de un elfo del bosque, que vivía solo en su árbol, creyendo ser el único. Los elfos, decía él, habíanse extinguido hacía ya largo tiempo, dejando tras de sí una huella de dolor y soledad en sus antiguos hogares, los bosques. Este elfo pasaba noches en vela, mirando las estrellas entre las copas de los árboles, preguntándose cuán lejos se encontraría la luna de la tierra. En las largas horas de interminable vigilia, el elfo solía vagar por los inescrutables senderos del bosque, buscando incansablemente algo, buscando un destello nuevo en la opacidad de su vida, buscando un susurro nuevo en la sordera de su alma.
Sin quererlo, este elfo construía dentro de sí una sutil vanidad, alimentada por la soledad que experimentaba.
“Soy el único sobreviviente de una raza antigua”- se repetía, fingiendo orgullo, auto convenciéndose. Según le contaba a las estrellas, los elfos se habían marchado de la tierra hacia las estrellas, al no encontrar lugar para huir de la invasión humana, siempre tan inoportuna, con sus armas y la muerte en sus manos. Habían decidido escapar, comenzar un viaje sin regreso, para encontrar un lugar mejor. Obviamente, en la empresa se les había ido la vida, pero igualmente habían cumplido su cometido. Decía no saber cómo el aún vivía. Sólo recordaba haberse despertado una mañana, y haberse sentido vivo.
Desde entonces había comenzado una búsqueda ciega e inconciente, una búsqueda a ciegas. Buscaba respuestas. Buscaba preguntas. O, tal vez, sólo buscaba un oído dispuesto a escuchar sus élficas palabras.
Y en sus caminatas solitarias sentía el viento golpear su cara, el frío, el calor. Y sentía cómo otro día más pasaba, sin siquiera advertirlo, sin siquiera terminar de reconocer el anterior. Y veía cómo su vida pasaba por delante, sin más variación que la lluvia o el granizo, sin más presencia que dos astros cambiantes según las horas. Y él miraba sus manos, de un tenue tono verdoso, y se preguntaba de qué servían, si no tenía con qué emplearlas, si no tenía para quién trabajar.
Y algunos días, cuando la bruma se apoderaba completamente de su mente, quedábase en su árbol, intentando dormir, soñando despierto con otros elfos a su alrededor. Y, en aquellos momentos, el elfo era feliz, porque podía convencerse de que no estaba solo, de que había alguien más allí, alguien que velaba por él, que le cuidaba sin importar dónde o cuándo estuviera.
Y los años pasaban fugaces ante él, y la sabiduría oculta de su mente despertaba, llenándose de conocimientos nuevos, llenándose de nuevos colores y nuevas fragancias. Llenándose de vida, vida pura y casta del bosque y el cielo. Y el elfo ya no sentía el dolor tan palpitante como antes, la angustia permanecía encerrada tras las paredes de su corazón, de su alma. Dedicábase a aprender, a mirar y conocer, a crear mundos nuevos en su mente, a dejar que su conciencia abandonara su cuerpo y vagara libre por el bosque y las estrellas, sin ataduras.
Y el tiempo pasaba como un vórtice a su alrededor, girando y soplando, casi sin dejarse ver ni sentir. Y el elfo meditaba, en sus noches de vigilia, sentado en claros del bosque, sobre el motivo de su existencia, sobre la naturaleza de su alma. Y se olvidaba de mirar las estrellas, de soñar con la luna. Se olvidaba de caminar sin rumbo por los senderos de su hogar.
Y se olvidaba por completo de su búsqueda ciega, se olvidaba por completo de que quería encontrar un oído que sus élficas palabras oyera, una mente capaz de entender sus tristes cavilaciones. Y terminó por desechar ese sueño a lo más profundo y recóndito de su mente, sin ganas de emplear más energía para buscar algo que, sin duda, nunca encontraría.
Y su cuerpo empezó a envejecer, y su cabello comenzó a teñir pálido. Y ya su piel mostraba edad. ¿Y qué importaba? Cada día sabía y comprendía más.
Era el único, y, en vista de eso, debía aprovechar todo el tiempo posible para aprender, adquirir sabiduría para lo que le quedaba de vida (si es que ésta tenía fin)
Y sucedió un día que, caminando por el bosque, sin apreciar ya su belleza, encerrado en su mente, cavilando sobre algún nuevo conocimiento, sintió el elfo un cambio en el ambiente.
Levantó la miraba, y, lo que vio, le hizo dejar de respirar.
Ahí, frente a él, de pié se encontraba un ser, hermoso sin par, tan, tan lleno… y tan envejecido como él mismo. Un ser de largos cabellos, de ojos oscuros, de piel verdosa. Un ser con rasgos afilados, pero suaves. Con mirada dura, pero de miedo. Un ser que llegaba a cambiarlo todo, de principio a fin. Un ser que llegaba a distorsionar los colores y los olores conocidos hasta entonces.
Una elfa que vagaba por el bosque, creyéndose la única, cavilando y adquiriendo conocimiento, pasando por alto la belleza de las estrellas, pasando por alto la belleza del bosque. Dejando hace tiempo de soñar con más elfos, dejando hace tiempo de buscar una mitad.

Y, ¿de qué sirvió todo el conocimiento? Ambos habían perdido el tiempo, olvidando su búsqueda, creyéndola inútil, y, sin quererlo, perdiendo lo más lindo de su vida: la incertidumbre al mañana, el miedo a perder, las ansias de encontrar… la juventud.

diciembre 30, 2007

++Dejar todo atrás++

Dejar todo atrás.

Al mirar hacia el cielo, podía ver las estrellas brillar entre el oscuro manto de la noche. Sentía sus pies flaquear y el viento acariciarle el rostro. Volvió a observar los hermosos astros y sus ojos se nublaron. Sintiendo como las fuerzas la abandonaban, se sentó en el pasto húmedo de la plaza que atravesaba. Apoyó su espalda contra el tronco de un árbol y cerró los ojos. Respiró profundamente, sintiendo los latidos de su corazón, que le indicaban que aún estaba viva. Con cada pulsación, podía sentir nuevamente e dolor que cargaba desde hacía algunas horas.

El brillo de la luna le iluminaba el pálido rostro y los ojos, de un negro profundo, no se distinguían entre el oscuro ambiente en que la chica se encontraba envuelta. Cerró los ojos nuevamente y recordó los hechos que había vivido. Pudo ver nuevamente sus ilusiones muriendo y sus sueños destruidos.

“No quiero más”- pensó, mientras una lágrima caía por su mejilla. No tuvo fuerzas para levantar la mano y secársela, sino que dejó que cayera libre. Ya no quería luchar más.

Rompió en un llanto silencioso y doloroso. Se retorcía de dolor a cada sollozo, pero, sin embargo, el dolor le hacía recordar los momentos hermosos que había vivido, y que nunca se irían de su mente. Casi podía sentir en sus labios el contacto suave con la boca de su amado. Casi podía sentir su respiración en su oído, diciendo “te amo”. Casi podía sentir los ojos profundos de él observándola con ternura. Casi podía sentir el contacto de su piel sobre la suya, entregándole el calor que necesitaba. Un abrazo, un beso, una caricia, había sido todo el tesoro de su alma, llevándola hacia el cielo en un suave danza de amor. Amor de dos almas que por fin habían encontrado un par, luego de sufrir y penar en manos de otros. Luego de sufrir a manos de personas que han perdido su alma a causa del dolor, y se han propuesto hacer daño a los demás.

“Quizá yo también he perdido mi alma”- pensó- “Quizás sea hora de que parta al lugar en que podré, al fin, ser feliz”- pensaba esto con gran dolor, intentando despegarse de todo lo conocido.

Recordaba el contacto de su piel, de sus manos entrelazadas en el momento del adiós. Y, en aquel instante, su memoria voló hacia las escenas pasadas de la vida de la chica:

“-No te vallas- decía ella, con la voz anegada- No te vallas, no ahora.

-Mi amor, mi niña- murmuraba un joven, con los ojos enrojecidos por el llanto- Debo irme, debo irme.

-No te vallas, no te vallas- decía la joven, apretando la mano del chico con desesperación- No me dejes sola.

-Volveré, te lo prometo- dijo él- Volveré a buscarte acá, y estaremos juntos por siempre.

-No te vallas- gemía ella, acercando su húmeda mejilla a la de él, y cerrando sus ojos.

-Amor, mi niña- susurraba el chico en su oído- Debo irme. Volveré contigo, niña mía. Podremos vivir juntos. Volveré.

Él la abrazó con fuerza, apretándola contra su pecho. La chica sollozaba en silencio, acariciando el cabello de su amor.

-No me dejes- susurró, entre sollozos- No me dejes así.

Pero el abrazo se iba, y, cuando el joven estaba con un pie sobre el bus que lo esperaba, se volvió hacia ella.

Las lágrimas en su rostro caían con lentitud. Él le dirigió una última mirada, a los ojos, con la desesperación clavada en ellos. Luego, soltando la mano que aún tenía entrelazada con la joven, volvió la cabeza.

-Te amo- murmuró, y subió al bus, alejándose para siempre de ella”

LA chica recordaba aquellos como si hubiera sido ayer. Había sentido que su mundo se destruía al sonido de las palabras “Te amo”, las últimas que había escuchado de su joven amor.

-Te amo- murmuró ella ahora, con menos fuerzas cada vez.- Perdóname por no haber sido capaz de esperarte. Esto que llevo dentro me ha matado, debilitándome poco a poco. Te amo, niño de mi corazón.

Volvió a contemplar las estrellas, deseando encontrarse en ellas con su amor. Poco a poco se fue sumiendo en un sueño sin igual, en el que estaba con él nuevamente, para siempre, juntos. Poco a poco la vida la abandonó, alejándola del dolor que provoca la soledad.

-Amor- susurró una voz en su oído- Amor, por fin llegas.

Abrió los ojos con suavidad, y observó a su joven amor frente a ella, tendiéndole la mano. Ella la tomó y él la ayudó a incorporarse.

-Te he esperado largo tiempo- murmuró él, mientras la acercaba y la abrazaba. Ella sintió el cuerpo de él contra el suyo, y se dio cuneta que ya no sentía frío. Por fin su calidez había vuelto. Respiró su aroma, como la última vez. Le acarició el cabello, y recordó todas aquellas tardes juntos, amándose en un sueño sin fin.

Se fueron caminando y, así, la chica abandonó por fin su cuerpo, abandonó el dolor y la soledad del amor perdido. Abandonó todo lo conocido para comenzar a construir aquel sueño que, en vida, se les había sido arrebatado.