Fuego Liquido

Fuego Liquido
Muchas veces creemos que el agua es fría y gélida, por lo que es mala. Otras tantas pensamos que el fuego es candente y peligroso, y es malo. Pero, los dos dan vida, entonces, ¿fuego o agua?

++Frase Aleatoria++

No importa lo que haga, cada persona en la Tierra está siempre representando el papel principal de la Historia del mundo. Y normalmente no lo sabe
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mayo 10, 2009

Orgullo, no


-No te creo –dije, mientras te contemplaba divertida.

Tu expresión mudó de vergüenza a incredulidad, para luego quedarse a medio camino de la súplica.

-Exacto. No te creo. –repetí lentamente, como quien le explica algo obvio a un niño pequeño.

-¿No me crees? –preguntaste atónito.

-Nop

Me crucé de brazos y te sonreí. Lo mejor de todo era saber que había dado en el clavo. Estaba esforzándome mucho para no largarme a reír. Tus ojos abiertos como platos, tus mejillas sonrosadas, tus labios entreabiertos en una mueca de incomprensión; todo aquello me causaba enorme gracia, y nunca había sido muy buena conteniendo la risa. Estas realmente cómico y, aún así, estabas muy, pero que muy guapo.

-¿Y por qué? –Reíste suavemente- Te estoy diciendo la verdad.

-¡Ja! –Me carcajeé- ¡Vamos, no juegues conmigo!

-¡No estoy bromeando! –repetiste, un poco molesto.

-¡Ay, qué pesado!

Me di la vuelta y me senté en el sofá. Me crucé también de piernas y conté los segundos hasta para que te aparecieras otra vez ante mi. “Uno, dos tres…”

-¿Y yo soy el pesado? –Soltaste un bufido- ¡Eres tú la que no me cree cuando intento aclarar las cosas!

-¡Pero si estás mintiendo! ¡Acéptalo! –exclamé con ironía.

Me miraste ceñudo; luego, enfurruñado. Te fuiste a sentar en el sillón frente a mí y te quedaste mirándome.

“Esta vez lo aceptarás” –me prometí mentalmente.

-No te quiero. –lo dijiste apartando la mirada.

-No te creo.

-Es la verdad.

-No, no lo es.

Luego, uno o dos minutos de silencio.

-¿Por qué dices que no es verdad? –ya no había enojo en tu voz, sólo curiosidad, y un deje de algo de diversión.

-Porque tú estás enamorado de mi, lo sé –expliqué, mirándote con desdén.- Me amas.

-¿Amarte? –Repetiste- ¡Ja!

Levanté una ceja y contraataqué.

-¡Acéptalo! Me amas en silencio desde hace tiempo.

-¡Eres una obstinada, vanidosa y orgullosa! –Exclamaste, azorado- Tu estúpido orgullo no te deja ver nada más que lo que quieres ver y…

-No es orgullo. –musité con dolorosa calma, ya que me habían herido tus palabras.- No es orgullo.

Esperé, pero no dijiste nada, así que decidí continuar. Busqué tu mirada y la sostuve mientras me explicaba.

-No es orgullo –respiré hondo-. No sé por qué, pero sí sé que tú me quieres –comencé a azorarme, pero me mantuve firme-. Quizás no te has dado cuenta, o simplemente no quieres aceptarlo, o tal vez te falta tiempo para entenderlo. Pero me quieres, y eso es algo que no puedes cambiar.

Me mirabas asustado, y era muy comprensible. Pocas veces te había hablado con seriedad, y nunca de un tema tan delicado.

Como seguías sin decir nada, me mantuve observándote fijo. Estuvimos así durante un rato, en mi pecho una batalla entre ir a besarte de improviso, o quizás salir corriendo.

Y, de pronto, sonreíste. Una de las sonrisas más hermosas que te he visto jamás.

No supe qué me impulsó, pero entonces me hallé frente a ti, mis manos tomando tus mejillas con suavidad. Y te besé. Sin pensarlo siquiera, posé mis labios sobre los tuyos. Cuando me di cuenta, ya lo había hecho, y me invadió una humillante vergüenza. Te solté, azorada, y me alejé de ti para pedirte disculpas.

-Perdón, yo…

Pero tú me paraste de sopetón con otro beso, y algo en mi pecho gritó de alegría. Con que era verdad. Había logrado despertar en ti algo diferente por mí, después de tanto tiempo de amarte en silencio…

Y tu beso era el premio más grande de todos. El cumplimiento de todos mis sueños y anhelos. Lo mejor, ciertamente. Quise decirte algo, lo que fuera para hacerte entender cuánto te quería.

-Yo… -me costaba respirar cuando me separé de ti- Yo quería decir…

Pero nuevamente me atrajiste hacia ti, ahora en un apretado abrazo.

-Eres detestable, ¿lo sabías?

Reíste en mi oído, y supe que había ganado. Finalmente.

 

enero 23, 2008

++A través del camino++

A través del camino.

La pequeña calle que se habría frente a mis ojos estaba surcada por frondosos árboles a los lados. Todas las copas arbóreas relucían vanidosas, ya que estaban cargadas de suaves colores en forma de flor. Vacía como siempre, la calle dormía, sumada en un familiar silencio.
“Tal y como te recuerdo”- pensó, tomando en amabas manos las rudas y frías maletas que reposaban en el cemento.
Al fondo de la calle, ocupando el sitio de lado a lado, había dos casas, bastante parecidas. La de la derecha estaba pintada de un suave color verde. Tenía balcón en el segundo piso. La de la izquierda, en cambio, figuraba con un tono azul. Era humilde, y en algunos lados la pintura se descascaraba a causa del tiempo. La luz del inminente atardecer iluminaba con su brillo rosada los pasos del que por la calle andaba. Cada paso era un pensamiento distinto. Cada paso era una nueva sensación dentro de su corazón y su alma.
Paso derecho.
“-Aun no entiendo por qué te vas”- la voz en su memoria sonaba con reproche. Volvió a sentir aquella opresión en el pecho al recordar aquella conversación.
Paso izquierdo.
“-Ya te dije”- había respondido- “Es una oferta muy buena, no puedo rechazarla”
Paso derecho.
“-Pero si el trabajo que tienes acá es bueno”- había replicado la otra parte- “Buen lugar, buena paga…”
Paso izquierdo.
“-No se trata sólo de eso, Emilia”- recordó cómo su voz había reprochado a la mujer. Se avergonzó y miró hacia el suelo, sonrojándose tenuemente.
Paso derecho.
“-Pues no lo entiendo”- repuso ella, volteándose para esconder su rostro.
Posó la mirada en su zapato. Estaba sucio, empolvado.
Paso izquierdo.
“-Será sólo por un tiempo”- le había tocado el hombro a la mujer, en actitud conciliadora.
Reprimió el impulso de agacharse a limpiar su calzado. Estaba tan cerca, tan cerca ya…
Paso derecho.
“-¿Para ti 6 meses es poco?- él no había contestado. La mujer lo miraba con los ojos empañados.
Subió los ojos hacia el cielo, que comenzaba a apagarse poco a poco.
Paso izquierdo.
“-Está bien”- había agregado Emilia luego- “VE y haz tu trabajo. Hazlo bien y rápido, porque los niños y yo te estaremos esperando.”
Divisó una estrella solitaria, ajena a la luz del sol que aún iluminaba la cúpula azul. Tan solitaria, tan erguida, tan indiferente…
Paso derecho.
“-Te amo”- había murmurado ella a su oído, cuando lo dejaba en el aeropuerto- “Te amo”- su boca le había besado suavemente, y Benjamín sintió que sus ojos se empañaban al recordar aquel contacto, sucedido hacía ya tanto tiempo.
Paso izquierdo.
“Había subido al avión con un nudo doloroso en su garganta. Al ubicarse y mirar por la ventana divisó la figura de su familia allí, de pie, sonriéndole.”
Reparó en que el aire estaba frío. Y un pájaro cantaba en las alturas.
Paso derecho.
“-Andrés”- le había dicho a su hijo el día de la partida- “Cuida de mamá y tus hermanas”
Paso izquierdo.
“El chico de sólo 10 años había asentido reprimiendo el llanto. Le había sonreído a su padre.”
Pudo apreciar cuánto extrañaba el suave canto de los pájaros. De aquellos pájaros.
Paso derecho.
“-Daniela, cariño”- era el turno de la más pequeña, la niña de 4 años- “Hazle caso a mami y a Andrés, ¿si?”
Extrañaba también los árboles.
Paso izquierdo.
“-Cuando vuelvas- la voz de su hija le había hecho sonreír- “Cuando vuelvas, ¿jugaremos con el columpio?”
Extrañaba aquel silencio, que lo calmaba y le daba paz a su corazón.
Paso derecho.
“-Claro, mi pequeña- había dicho él, abrazándolo”
Extrañaba el cielo despejado, libre de suciedad.
Paso izquierdo.
“-Javiera”- se acercó a la niña de 8 años, situada al lado de su madre- “Ayuda a mamá con la comida, y alimenta el gato, ¿si?”
Extrañaba la silueta del gato Perla, recortado contra los árboles, esperándolo tras un largo día de trabajo.
Paso derecho.
“-Si, papi”- había dicho la niña, bajando la mirada. Él la había abrazado fuerte, conteniendo la tristeza.
Extrañaba su hogar.
Levantó por fin la mirada y, frente a él, estaba su casa.
Paso izquierdo.
“-Vuelve”- le había murmurado Emilia, con voz anegada, al despedirse.
Avanzó el resto del camino por entre el jardín delantero, intentando no llorar de alegría.
Seis meses. Seis largos y duros meses sin ver a sus hijos ni a su esposa. Seis meses lejos, casi sin escuchar la voz de sus seres amados. Seis meses sólo y sin poder abrazar a sus hijos. Seis meses que ahora, al abrir la puerta con su antigua llave, se sentían muy, muy lejos.
-Benjamín- murmuró una voz anegada por el llanto. El hombre enfocó su mirada y vio ahí, frente a él, a la otra parte de su alma, su familia.
-Estoy en casa.
La vista se le nubló cuando 4 ángeles se abalanzaron sobre él.