Fuego Liquido

Fuego Liquido
Muchas veces creemos que el agua es fría y gélida, por lo que es mala. Otras tantas pensamos que el fuego es candente y peligroso, y es malo. Pero, los dos dan vida, entonces, ¿fuego o agua?

++Frase Aleatoria++

No importa lo que haga, cada persona en la Tierra está siempre representando el papel principal de la Historia del mundo. Y normalmente no lo sabe

abril 07, 2008

la busqueda

La búsqueda

Cuenta la historia de un elfo del bosque, que vivía solo en su árbol, creyendo ser el único. Los elfos, decía él, habíanse extinguido hacía ya largo tiempo, dejando tras de sí una huella de dolor y soledad en sus antiguos hogares, los bosques. Este elfo pasaba noches en vela, mirando las estrellas entre las copas de los árboles, preguntándose cuán lejos se encontraría la luna de la tierra. En las largas horas de interminable vigilia, el elfo solía vagar por los inescrutables senderos del bosque, buscando incansablemente algo, buscando un destello nuevo en la opacidad de su vida, buscando un susurro nuevo en la sordera de su alma.
Sin quererlo, este elfo construía dentro de sí una sutil vanidad, alimentada por la soledad que experimentaba.
“Soy el único sobreviviente de una raza antigua”- se repetía, fingiendo orgullo, auto convenciéndose. Según le contaba a las estrellas, los elfos se habían marchado de la tierra hacia las estrellas, al no encontrar lugar para huir de la invasión humana, siempre tan inoportuna, con sus armas y la muerte en sus manos. Habían decidido escapar, comenzar un viaje sin regreso, para encontrar un lugar mejor. Obviamente, en la empresa se les había ido la vida, pero igualmente habían cumplido su cometido. Decía no saber cómo el aún vivía. Sólo recordaba haberse despertado una mañana, y haberse sentido vivo.
Desde entonces había comenzado una búsqueda ciega e inconciente, una búsqueda a ciegas. Buscaba respuestas. Buscaba preguntas. O, tal vez, sólo buscaba un oído dispuesto a escuchar sus élficas palabras.
Y en sus caminatas solitarias sentía el viento golpear su cara, el frío, el calor. Y sentía cómo otro día más pasaba, sin siquiera advertirlo, sin siquiera terminar de reconocer el anterior. Y veía cómo su vida pasaba por delante, sin más variación que la lluvia o el granizo, sin más presencia que dos astros cambiantes según las horas. Y él miraba sus manos, de un tenue tono verdoso, y se preguntaba de qué servían, si no tenía con qué emplearlas, si no tenía para quién trabajar.
Y algunos días, cuando la bruma se apoderaba completamente de su mente, quedábase en su árbol, intentando dormir, soñando despierto con otros elfos a su alrededor. Y, en aquellos momentos, el elfo era feliz, porque podía convencerse de que no estaba solo, de que había alguien más allí, alguien que velaba por él, que le cuidaba sin importar dónde o cuándo estuviera.
Y los años pasaban fugaces ante él, y la sabiduría oculta de su mente despertaba, llenándose de conocimientos nuevos, llenándose de nuevos colores y nuevas fragancias. Llenándose de vida, vida pura y casta del bosque y el cielo. Y el elfo ya no sentía el dolor tan palpitante como antes, la angustia permanecía encerrada tras las paredes de su corazón, de su alma. Dedicábase a aprender, a mirar y conocer, a crear mundos nuevos en su mente, a dejar que su conciencia abandonara su cuerpo y vagara libre por el bosque y las estrellas, sin ataduras.
Y el tiempo pasaba como un vórtice a su alrededor, girando y soplando, casi sin dejarse ver ni sentir. Y el elfo meditaba, en sus noches de vigilia, sentado en claros del bosque, sobre el motivo de su existencia, sobre la naturaleza de su alma. Y se olvidaba de mirar las estrellas, de soñar con la luna. Se olvidaba de caminar sin rumbo por los senderos de su hogar.
Y se olvidaba por completo de su búsqueda ciega, se olvidaba por completo de que quería encontrar un oído que sus élficas palabras oyera, una mente capaz de entender sus tristes cavilaciones. Y terminó por desechar ese sueño a lo más profundo y recóndito de su mente, sin ganas de emplear más energía para buscar algo que, sin duda, nunca encontraría.
Y su cuerpo empezó a envejecer, y su cabello comenzó a teñir pálido. Y ya su piel mostraba edad. ¿Y qué importaba? Cada día sabía y comprendía más.
Era el único, y, en vista de eso, debía aprovechar todo el tiempo posible para aprender, adquirir sabiduría para lo que le quedaba de vida (si es que ésta tenía fin)
Y sucedió un día que, caminando por el bosque, sin apreciar ya su belleza, encerrado en su mente, cavilando sobre algún nuevo conocimiento, sintió el elfo un cambio en el ambiente.
Levantó la miraba, y, lo que vio, le hizo dejar de respirar.
Ahí, frente a él, de pié se encontraba un ser, hermoso sin par, tan, tan lleno… y tan envejecido como él mismo. Un ser de largos cabellos, de ojos oscuros, de piel verdosa. Un ser con rasgos afilados, pero suaves. Con mirada dura, pero de miedo. Un ser que llegaba a cambiarlo todo, de principio a fin. Un ser que llegaba a distorsionar los colores y los olores conocidos hasta entonces.
Una elfa que vagaba por el bosque, creyéndose la única, cavilando y adquiriendo conocimiento, pasando por alto la belleza de las estrellas, pasando por alto la belleza del bosque. Dejando hace tiempo de soñar con más elfos, dejando hace tiempo de buscar una mitad.

Y, ¿de qué sirvió todo el conocimiento? Ambos habían perdido el tiempo, olvidando su búsqueda, creyéndola inútil, y, sin quererlo, perdiendo lo más lindo de su vida: la incertidumbre al mañana, el miedo a perder, las ansias de encontrar… la juventud.

marzo 15, 2008

Estrella de amor

Cuentan que, en un pueblo lejano, un pueblo en que no había estrellas mas que en los cuentos de hadas, en un tiempo aún más lejano, existía un joven, casi un niño, enamorado perdidamente de una joven, casi una adulta. Ella era altanera, frívola y superficial, y en su mente ya cerrada, no cabía más pensamiento que el orgullo y el poder. Él, en cambio, con su tímida y joven alma no podía razonar con más razón que la de su corazón. Él sentía, ella pensaba. Él trabajaba, ella mandaba.
Y dicen que en su corazón no había más espacio que el que a ella pertenecía. Y dicen que en su pensamiento sólo estaba hacerle feliz, la mujer más feliz, mas plena y mas poderosa. El quería verla sonreír, coso si cada vez fuera la ultima, y seguía sus pasos sin descanso, sin querer contrariarla, solo admirarla y amarla en silencio.
Y cuentan que ella se percató de su interés, y, en su frialdad, calculó en secreto los pasos, para apoderarse de su corazón, de una vez y para siempre. Para tener todo lo que deseara, en las manos de él servidas.
Y ella lo encantó, con su perfume de ternura y su traje de pureza. Y con la voz mas melosa que existe, le cantó un sueño profundo de su alma, seguramente lo único sincero que el viento la oyó decir jamás: “Oh, amor, amor. Desearía tanto ver una estrella. Poder sentir su calor, pedirle deseos. Sentir su luz sobre mi, y saber que ya nunca mas estaré sola”
Y el la miraba, con profundo amor, jurándole la luna y las estrellas; prometiendo viajar por todo el mundo hasta encerrar en sus manos un poco de luz astral. Y ella sonreía, con una sonrisa de muerte, con una sonrisa que él, en su delirio, no era capaz de comprender.
Y cuentan que él fue feliz, y ella tuvo todo lo que quiso frente a sus ojos, porque él se encargaba de regalarle los objetos mas preciados por las doncellas de la época. Nada era suficientemente hermoso para su amor, y ella aceptaba, complacida, seduciéndolo hasta el éxtasis.
Y cuentan las historias, que, un día, tras recoger flores para su amada por el bosque, las flores más exóticas y las más hermosas, él la vio, y un gritó resonaría por mucho tiempo más en la tierra. Ella estaba frente a él, abrazada a otro chico, quien la besaba con pasión, y le abrazaba fuertemente. Y él, creyendo que su dama estaba en peligro, corrió sin pensarlo a atacar al usurpador de su amor. Y la chica, gritando horrorizada, vio como su amante mataba al joven que amor le había jurado, vio como la sangre manaba de su pecho, y él, cayendo de rodillas, la miraba tristemente. Y dicen que sólo una frase dijo, una sola frase que en el pueblo se le escuchó jamás.
-Perdóname, estrella- murmuró, y cayó fulminado al suelo, con los ojos en lágrimas, reflejando la luz de su amaba, quien miraba con horror el cuerpo inerte.
Y, de ahí en adelante, ella vivió atada por la culpa, la culpa de haber matado al único que todo le habría dado, sin nada esperar a cambio.

Y cuentan que, una noche, mirando al cielo, negro como siempre, algo brilló allá arriba, una luz nunca antes atisbada en la cúpula eterna. Era una estrella, una estrella que brillaba, solo para ella. Y, cuando la chica la miró fijo, una voz resonó en su cabeza, como proveniente de un sueño:

“Te amo, estrella mía”

marzo 13, 2008

Demonios y Belleza

Cuenta la historia de una niña, de desmesurada belleza: largos cabellos enmarcaban su perfecto rostro, de ojos celestes, como el cielo al alba; sonrosadas mejillas reflejando la inocencia de su tierna y pura juventud; labios que invitaban a una confesión.
Cuentan también se su virtuosidad para con los demás. De gran corazón, incapaz de dañar a otros, sin permitirse lujos ni grandes palacios para si. Humilde de corazón y esencia, había sido privilegiada con los dones más hermosos.
Pero, ¡ay! Del mal que siempre acecha. Diversas formas toma a lo largo de los años. Y dicen que esta vez el mal se encarnó en el alma de un escéptico joven, rico en codicia y oscuros deseos. Lo más bello en apariencia no es siempre lo más bello en esencia.
Rostro juvenil, voz áspera, palabras rebuscadas, ojos inescrutables.
Y dicen que ella a sus pies cayó, dicen que el con su mirada la conquistó, mirada de negras pupilas, sin amor, sin piedad, sin misericordia. Pupilas de muerte, pupilas en tinieblas. Con una sonrisa la cautivó y ella su todo el entregó.
¡Pobre chica! Que de su inocencia se aprovecharon los demonios.
Y el la besó, y ella creyó morir en su beso, en su boca, en sus labios, en su aire. ¡Qué más alguien podría desear! Por fin su vida estaba completa. Su familia lo aprobaba, y con el la dejaba, sin imaginar el mal que tras su rostro se encontraba.
¡Ay del día aquel en que todo se destruyo!
Cómo puede alguien hacer mal solo por maldad. Cómo puede alguien hacer llorar solo por placer. Los demonios no entienden razón.
Y ella se le entregó, en cuerpo y alma, rompiendo su sello de pureza, tan celosamente guardado.
Y dicen que, tras tomarla por fin, el le habló, con su lenguaje rebuscado, y ella lloró.
-¡OH! ¡Dulce y bella doncella!- decía el, acariciándola con frías manos- ¡Dulce y bella doncella! Que con tu entrega me habéis cedido ya vuestra alma, os habéis consagrado a mi persona, sin nada esperar por vuestros servicios.- ella sonreía, extasiada junto a él- Que con vuestra entrega habéis renegado vuestra propia vida para donarla gustosa a un forastero.
Y dicen que el la golpeó, y luego la dejó tirada sobre la tierra, magullada y humillada. En su cara escupió, y luego rió.
-¡OH bella e insulsa doncella!- gritó, al sol naciente- Que no habéis sabido valorar vuestra pureza. Ahora sé en verdad qué sois, y en vuestro rostro me río, porque tengo lo que anhelaba, y vos tuvistéis lo que deseabáis.- tras ver las lagrimas de ella caer por sus mejillas, agregó- Y ahora que os habéis deshonrado, puedo ir en paz.
Y cuentan que él la dejó, sola en la tierra, llorando de vergüenza.

¡OH virtuosa belleza! Que con tu candente baile nos encantas y enamoras. Para luego dejarnos humillados, enamorados y desesperanzados.